domingo, 3 de octubre de 2010

2-1: Conmocionado

He dejado pasar las horas para ver si mi cabeza reaccionaba a lo vivido en la tarde de ayer en el estadio municipal de La Palma del Condado. Nunca antes había presenciado un acto de violencia tan vandálico y esperpento en un recinto deportivo. Ha sido algo espantoso y a lo que aún no doy crédito; sangre, sillas volando, papeleras descolgadas, destrozos deportivos…

En el partido correspondiente a la quinta jornada de liga de División de Honor de juveniles, visitaba La Palma el CD Puerto Malagueño. Ya me habían hablado de las malas experiencias vividas en la Costa del Sol con este equipo. Hace tres semanas, entrevisté en mi programa (La Cantera) de Sevilla FC Radio al técnico del división de honor sevillista, Francisco López Alfaro que, precisamente, tenía que visitar el estadio malagueño en esa jornada. Me dejó una frase que me puso en alerta; “En el campo del Puerto Malagueño es donde peor lo he pasado en un terreno de juego. Tengo muy malos recuerdos de ese campo”.



El que avisa no es traidor. Que razón llevabas Francisco. Lo malo, es que ayer el partido se disputaba en La Palma. Mi pregunta es; Si jugando a domicilio estos chicos son capaces de liar lo que liaron ayer, ¿qué ocurrirá cuando se dispute el encuentro de la segunda vuelta? Sinceramente, prefiero no pensarlo.

No sé como empezar a desgranar todo lo que viví ayer en vivo y en directo en mi estadio. Pero si os parece, comenzaré hablando por el resultado, que tal vez escueza y mucho entre un equipo malagueño que creía que viajaba a un barrio de Huelva y se encontró con un municipio con clase y señorio, y en la casa del club más grande de la provincia de Huelva, con un grada a reventar de gente y un complejo deportivo que les dejó parapléjicos.

Ganó el CD Siempre Alegres (2-1). Y lo hizo tras voltear un marcador que se puso cuesta arriba a los siete minutos de juego, cuando Luís (ahora hablaré de este ¿futbolista?) cabeceaba por encima de Álvaro para fundir las redes palmerinas.

Este gol despertó al conjunto de Rafa Ducoy, que había salido al terreno de juego atenazado y sin ritmo. Sin embargo, este tanto cambió por completo el choque. El Siempre Alegres comenzó a tomar la posesión de balón, con un fútbol de toque y profundidad que provocó a los visitantes a dar un paso hacia atrás. La constancia palmerina iba a tener recompensa a los diecinueve minutos de juego. David Rodríguez botó un saque de esquina, para que Manu rematase en el segundo palo y Manolito empujase a la red.

Con el 1-1 y un Siempre Alegres dominador se llegó al descanso.

La segunda parte no pudo comenzar mejor para los chicos de Rafa Ducoy. A los dos minutos de la reanudación, “Dinamita” Galleti aprovechaba una mala salida de Pedro para colocar el 2-1 y dar la vuelta al marcador.

Era el gol de la justicia para un Siempre Alegres que había merecido mucho más desde el minuto diez del primer periodo.

A partir de este momento el fútbol se acabó. Tan solo hay que reseñar (en lo deportivo) un remate de Luís a la madera y un tiro posterior que rozó el palo de la meta palmerina. Todo lo que vino a continuación fue horroroso y vergonzoso.

Pero para hablar de lo que viene a continuación, hay que irse por obligación al transcurso de la primera parte. Todo viene a raíz de que los malagueños se adelantasen en el marcador. Cada vez que un jugador del Siempre Alegres cogía el balón en la zona de creación, era derribado por las buenas o por las malas. Todas las faltas se producían en el mismo sitio (línea de tres cuartos de campo). En mi libreta apunté hasta nueves infracciones en esa zona. Todo en la primera parte. ¿Saben ustedes cuantas tarjetas mostró para parar el juego duro el señor Fernández Chía? Cero. O si lo prefieren, 0. Y ojito porque estamos hablando de un colegiado que pita en 3ª División. No supo parar la dureza que empleaban los malagueños para parar el fútbol de toque que practica el Siempre Alegres. Ellos lo tenían muy claro; los palmerinos tan solo podían crearle peligro por abajo, ya que por arriba sus centrales le sacaban tres cuartas a nuestros delanteros (Galleti y Manolito). Así que se pusieron el mono de trabajo y bajo la reiteración de faltas paraban una y otra vez los intentos de ataque del Siempre Alegres.

Ahí se le comenzó a escapar el partido a Fernández Chía. No paró el juego duro y permitió en la segunda mitad todo lo que viene a continuación.

Nos habíamos quedado en el 2-1, obra de Galleti.

A partir de ese momento, los nervios se apoderan de los malagueños. El portero se encara en pleno partido con el delegado del Siempre Alegres. Su entrenador forma un auténtico espectáculo con insultos incluidos, incitando a la violencia desde su banca. Todo es permitido por Fernández Chía, que bajo sorpresa de todos, permite que este señor continúe dirigiendo a su equipo desde el banquillo. La dureza aumenta por minutos y el señor del silbato sigue en sus creces de no parar el juego duro.

A falta de diez minutos para el final, entra en acción el capitán azulino Luís. Tan bueno en lo futbolístico como mal educado en lo personal. Se echó manos a sus partes genitales con sonrisa chulesca hacia los aficionados de La Palma en reiteradas ocasiones. Y por si fuera poco, se bajó los pantalones cortos para mostrar su asqueroso trasero al graderío blanco. Todo esto ocurría en el césped y el CD Puerto Malagueño continuaba con sus once futbolistas y cuerpo técnico al completo en el terreno de juego. ¡¡Inexplicable!!

Era evidente que se podía liar una muy gorda al final del encuentro. Pero la gota que colmó el vaso, fue cuando Kike sufrió en su cabeza el juego duro que venían empleando los de la Costa del Sol durante todo el partido. Era el minuto 88 y Kike se tenía que marchar llorando del dolor y con la cabeza abierta. Hasta siete puntos de sutura le tuvieron que coger.

Mientras el juego quedaba parado por esa escalofriante acción, los jugadores malagueños se dedicaron a provocar, incitando a la violencia continuamente bajo la permisividad de su entrenador. Ante la mirada de todos (menos la del colegiado), rompían hasta uno de los aspersores del terreno de juego.

Tras la ejecución de esa falta Fernández Chía indicó el final del partido. Allí se lió la marimorena. Sobre todo en el túnel de vestuario, donde el capitán del CD Malagueño, Luís, para rematar su faena arrancó de la pared una papelera para reventársela en la cabeza a un jugador del Siempre Alegres, que tuvo que ser trasladado a Sevilla con fractura en la nariz y una gran herida en el cráneo.

Fueron momentos trágicos. Al menos para mí. Yo nunca he presenciado este vandalismo en un terreno de juego. Se me han quitado las ganas de fútbol, aunque por obligación tendré que ir dentro de un rato de nuevo a mi estadio para retransmitir el partido que disputa mi Palma CF ante el CD Pinzón.

Solo deseo que los promotores de todo lo provocado ayer en uno de los estadios más importantes de nuestra provincia, paguen por todo el daño causado. Que ha sido mucho.

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